En noviembre 2017 el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) publicó un informe sobre la violencia sexual en Colombia: “La guerra inscrita en el cuerpo”. El documento narra cómo todos los actores armados colombianos utilizaron la violencia sexual cómo táctica de guerra.
La barbarie en cifras
Las cifras recopiladas informan sobre la amplitud del fenómeno. Asumiendo que hay un altísimo subregistro de los casos – la mayoría de las víctimas nunca denunciaron a sus violadores -, el informe señala que por lo menos 22.915 personas fueron víctimas de este crimen de guerra. En su inmensa mayoría son mujeres (91.6% del total) que provienen de todas las condiciones sociales y diferentes regiones del país.
El informe explica que todos los grupos armados – tanto legales como ilegales – utilizaron la violencia sexual como arma de guerra. Según las cifras del CNMH, los paramilitares y las guerrillas fueron los principales victimarios, con 32.2 y 31.5 por ciento, respectivamente, de los casos registrados. Por su parte, los agentes del Estado fueron implicados en 1.4 por ciento de los crímenes sexuales. Los otros casos corresponden a perpetradores desconocidos (26 por ciento) o a grupos “Bacrim” (6.3 por ciento).
Según el informe, toda forma de violencia sexual en el conflicto armado emite un mensaje político, un mensaje de poder. “Se ha usado, entre otras cosas, para fortalecer el control territorial, transmitiendo a las comunidades el mensaje de que los cuerpos de sus habitantes, así como el territorio, tienen dueño”. Así mismo, los actores armados la usaban para acallar o neutralizar a las lideresas campesinas inconformes con sus proyectos político-militar. Por último, se utilizaba como estrategia de disciplinamiento y moldeamiento de las mujeres reclutadas en las propias filas de los grupos armados.
Importancia de la memoria histórica
La violencia sexual es quizás el crimen de guerra más olvidado y silenciado. Ningún actor armado reconoce de manera abierta haber violado una víctima, menos cuando dicho crimen fue cometido dentro de una estrategia de guerra. Es mucho más fácil confesar el despojo o incluso el asesinato.
En este contexto, hablar de violencia sexual resulta tan difícil como indispensable. Para muchas victimas, recordar y narrar significa volver a vivir el trauma. Pero también son múltiples las motivaciones de las personas para dar su testimonio. Permite comenzar el proceso de denuncia e impugnación y cuestionar de paso las formas perversas que socialmente se han tolerado para legitimar estas violencias.
Lina María Cabrera - el clima de impunidad hace que se repita la violencia sexual en Colombia
Poniendo fin a la violencia contra las mujeres
Si bien los procesos de desmovilización han permitido reducir drásticamente los niveles de violencia sexual, a las mujeres en Colombia las siguen agrediendo por su condición de mujer. Peor aún, la impunidad continúa reinando. Esto lo revela el Boletín Epidemiológico “Violencia de género en Colombia” que indica, por ejemplo, que de 2015 a 2016 aumentaron en un 20 por ciento los casos de violencia intrafamiliar.
Estos datos demuestran que en la Colombia post conflicto, no se puede bajar la guardia. El acceso a la educación, el derecho de cada mujer a decidir sobre su vida o el derecho a no sufrir ningún tipo de violencia son las bases fundamentales que tenemos que trabajar si queremos erradicar la violencia de género en nuestro país.